jueves, 25 de diciembre de 2014

Mil maneras de censurar en literatura infantil

Desde mi perspectiva, es necesario partir diciendo que la censura siempre está presente en la literatura, desde el momento en que coincido con Liliana Bodoc en considerarla un arte. Como tal, interpela, plantea temas que están en la vanguardia y que cuestionan las estructuras de poder imperantes y el sistema establecido. Por lo tanto, serán esas mismas estructuras y sistema los encargados de marginar aquello que les cause algún tipo de ruido.

Bodoc plantea: "Me gusta recordar que la literatura es un arte. Me gusta recordar que la literatura infantil y juvenil también lo son. Ahora, su condición de disciplina artística la exime de ciertas modalidades y propósitos: por ejemplo, admonición, la información, la autoayuda, la terapia"1.

Si bien a juicio de esta autora argentina, la condición de ser un arte exime a la literatura de ciertas funciones edificantes, educativas y pedagógicas, creo que son estas mismas las que van condicionando una cierta selección, tanto de parte de editores como de mediadores de lectura y provocando acciones de censura propiamente tal. En el primer caso, una selección -aun cuando se sustente en principios basados en la naturaleza misma del objeto literatura- siempre estará cruzada por factores externos a la calidad artística de la obre; en última instancia, por los valores de la persona encargada de seleccionar.

En consecuencia, nuestro punto de partida ya está condicionado por una selección que incluye textos que considera valiosos quien selecciona y excluye aquellos que, a su juicio, no lo son.

En segundo término, ya abordando directamente el concepto de censura, quisiera destacar la importancia del contexto al momento de determinar qué es censurable. "Las obras circulan en contextos imprevisibles para autores, editores, agentes culturales, autoridades y lectores. De algún modo, cobran autonomía y 'funcionan' al margen de quienes las crearon. A veces esta circulación –vida de las obras- se vuelve problemática y da origen a reacciones contrarias. La censura es una de ella; el fanatismo es otra"2

Según Mijail Bajtín, las obras surgen de contextos particulares y, de algún modo, los reflejan y refractan, entendiendo como refracción una aproximación distinta que depende de los lectores. Esto se expresa en la mirada textualista de este autor: "La obra comunica significados, pero el lector construye sentidos"3.

En consecuencia, al surgir una obra literaria para niños desde un contexto determinado, al que cuestiona, interpela o retrata, destacando algún aspecto vanguardista o minoritario, será el peso del mismo contexto el que provoque alguna acción de censura (esto se puede apreciar claramente en el tercero de los ejemplos que se mencionan a continuación).

Por lo tanto, la censura se expresa derechamente como tal en la literatura para niños y también lo hace de manera sutil a través de la selección, tanto en los ámbitos de producción como de recepción.


Ejemplos de libros censurados
Como plantea el dramaturgo venezolano Juan Ramón Pérez, "cualquier libro que sale a la calle enfrenta inevitablemente a dos grandes enemigos: la indiferencia y la censura. Aunque ambas son sumamente dolorosas, las llamas de la censura son infinitamente más peligrosas. Ya lo dijo Heinrich Heine: 'Ahí donde queman libros, siempre terminan quemando hombres'"4.

A continuación, tres ejemplos de censura en libros para niños.


- El pueblo que no quería ser gris
Publicado en Buenos Aires en 1976 por el sello Rompan Filas. Su autora es Beatriz Doumerc y cuenta con ilustraciones de Ayax Barnes. El relato se basaba en la historia de un pueblo cuyo rey, tras agotar todas las órdenes posibles, manda pintar todas las casas de un mismo color. Pero la gente se opone y entonces "el rey se cayó de espaldas una sola vez, pero tan fuerte que no se levantó más"5

Prohibido por la dictadura militar argentina a través del Decreto N°1888 del 3 de septiembre de 1976.


- La ultrabomba
Publicado en Buenos Aires en 1974 por el sello Rompan Filas. Su autor es Mario Lodi. En este cuento, un piloto se niega a cumplir la orden de arrojar una bomba. Prohibido por la dictadura militar argentina a través del Decreto N°1888 del 3 de septiembre de 1976.

En palabras del responsable del sello, Augusto Bianco, "en Rompan Fila elegimos materiales que respondieran a esa necesidad de innovar y de desestructurar. 'La ultrabomba' era una revolución en cuanto a la temática: un soldado que se rebela al recibir la orden. Imagínate, para América Latina, tierra de golpes. Lo elegimos como para decir, otra mirada es posible. El autor, Mario Lodi, puso elementos que hoy están en el centro del candelero. De cómo la política pasa por los medios de comunicación. Él ya lo estaba diciendo en ese momento. Es un autor para tener en cuenta"6.



- Tres con tango
Escrito por Peter Parnell y Justin Richardson e ilustrado por Henry Cole. Editado en inglés en 2005, fue publicado un año después en español por la editorial Serres. Basado en una historia real registrada en el zoológico de Central Park de Nueva York, trata sobre dos pingüinos machos que cuidan un huevo, para luego hacerse cargo de la pequeña ave a la que llaman Tango. Si bien el libro ha sido reconocido con numerosos premios, también ha sido censurado en varias escuelas y bibliotecas de Estados Unidos. Tras su aparición ha fomentado debates y discusiones sobre el matrimonio igualitario, la adopción y la homosexualidad en los animales.




A estos casos quiero sumar el de la publicación Nicolás tiene dos papás, de la psicóloga Leslie Nicholls, editado en Chile en octubre de 2014. Financiado por la Unión Europea y la Embajada de los Países Bajos, fue una gestión del Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (Movilh) que contó con el apoyo de la Junta Nacional de Jardines Infantiles (Junji) y la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile (Facso).


El relato está inspirado en el cuento Heather Has Two Mommies de la estadounidense Lesléa Newman, publicado por primera vez en 1989. Si bien no fue afectado por una censura tradicional, causó gran revuelo mediático porque "generó una fuerte controversia a nivel social, político y religioso, respecto de la forma en que nuestros hijos son educados sobre la inclusión de las minorías sexuales"7.

No obstante, el Sename anunció la distribución del libro en sus dependencias, mientras 30 bibliotecas y más de mil personas solicitaron el cuento. "Lo han pedido escuelas, bibliotecas, jardines infantiles, municipalidades, corporaciones, fundaciones, familias y universidades, tanto nacionales como extranjeras"8. Esto motivó su entrega y distribución gratuita a través del sitio web del Movimiento de Integración y Liberación Homosexual, Movilh (http://www.movilh.cl/documentacion/nicolas-tiene-dos-papas.html).


Entonces ¿Qué hacer?
En consecuencia, tanto una mal entendida selección como la censura, atentan contra el respeto que merece tanto los niños y niñas, como los jóvenes, de ser tratados como personas capaces de abordar cualquier tema en un lenguaje y aproximación acorde a su edad. A mi juicio, éste debería ser el verdadero punto de partida a la hora de hablar de literatura infantil y juvenil.

De acuerdo a lo planteado por Guillermo Castillo, "la censura temática juzga que los jóvenes no pueden enfrentarse a ciertos temas"9. Esta censura, a mi modo de ver una de las más comunes (aunque comúnmente disfrazada de "selección"), se percibe claramente en lo planteado por el autor e investigador Juan Cervera al definir ficción verosímil, uno de los mundos posibles de la literatura infantil. "Hoy en día algunos críticos son partidarios de excluir la temática social de los libros para niños y ofrecer sólo materiales 'idealizados e inocentes' que no perturben la serena existencia de su corta edad; consideran positivo que los niños se mantengan en esa suerte de agnosis como un mecanismo de protección. Entonces, caben las preguntas ¿es preciso aislar al niño de la dureza de la realidad para preservar ese supuesto ideal de inocencia? O por el contrario, ¿se hace preciso ofrecer experiencias estéticas de calidad que le permitan sensibilizarse y desarrollar un criterio propio cercano a lo humano?" 10.

Por otra parte, dado que la literatura infantil está en la mira de múltiples agentes sociales y se le atribuye un valor eminentemente formativo y de instalación de valores, dicha mirada privilegiará textos que tengan esas características (contraponiéndose así al concepto planteado por Liliana Bodoc que abordamos al principio de este artículo). En esta línea de análisis, es interesante la reflexión final expuesta en el artículo Cómo elegir un buen cuento para niños, del Banco del Libro de Venezuela, a la que adhiero completamente. "La historia enseña que bajo la bandera de defender los valores se han censurado muchos libros para niños de excelente calidad. La evaluación de valores tiene una carga subjetiva importante y no siempre obliga un consenso. Con amplitud de criterios y una visión equilibrada que permita discutir los contenidos de los libros con los niños no deberíamos rechazar ningún libro por su ideología, sino estar atentos a discutir los temas que nos parezcan controversiales. Esta práctica puede resultar más formativa y efectiva en la formación de valores que la prohibición"11.

Sin embargo, aun cuando hoy no exista una censura institucionalizada en nuestro país o bien las selecciones se pudiesen realizar con altura de miras y criterios amplios e integradores, hay otro factor en juego que puede entorpecer de igual manera el encuentro de un libro con su lector.

Dejo para el final las palabras de Augusto Bianco, responsable del sello argentino Rompan filas, de larga y destacada trayectoria en la publicación de literatura infantil y juvenil de calidad, aun en los períodos más oscuros de la historia reciente argentina. "Hoy ya nadie te va a prohibir. No hace falta. Yo creo que la prohibición hoy la ejerce el mercado. El mercado no te prohíbe, pero te va a poner valla tras valla para que nunca llegues con tu libro alternativo al lector que podría estar esperándolo pero no sabe siquiera que existe"6.

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4 Cuando se tiene un libro. Recuperado de http://www.loscuentos.net/cuentos/link/256/256008/
5 El pueblo que no quería ser gris. Recuperado en http://www.imaginaria.com.ar/04/8/pueblo.htm
6 Entrevista a Augusto Bianco. Rompan filas: una experiencia editorial para niños que no quieren ser grises. Recuperado de http://muchas-nueces.com.ar/entrevista-a-augusto-bianco/
7 Lee aquí el libro “Nicolás tiene 2 papás”. Recuperado en http://www.biobiochile.cl/2014/10/26/lee-aqui-el-libro-nicolas-tiene-2-papas.shtml
8 Primer cuento chileno sobre diversidad sexual ya puede ser leído online. Recuperado en http://www.emol.com/noticias/nacional/2014/10/27/687038/primer-cuento-chileno-sobre-diversidad-sexual-supera-tres-mil-pedidos.html
10 Literatura infantil: Géneros, corrientes y tipos de libros. Recuperado en http://webcurso.uc.cl/access/meleteDocs/content/private/meleteDocs/UCV-LIJ-06/uploads/ppt%202%2013.9.pdf
11 Cómo elegir un buen cuento para niños. Recuperado en http://webcurso.uc.cl/access/meleteDocs/content/private/meleteDocs/UCV-LIJ-06/uploads/seleccion%20libros%20Banco%20de%20Libro%20Venezuela.pdf

miércoles, 15 de octubre de 2014

Ventana para niños, refugio para adultos

¿Es la literatura infantil ventana o refugio? A lo largo de mi vida, he experimentado ambas perspectivas. 

Cuando niña, fue verdadera ventana para "expandir, abrir, avizorar, ver, contemplar, vislumbrar, entrever, descubrir, explorar, sorprender, oír, oler, sentir". La mirada y el descubrimiento del mundo a partir del asombro. Un umbral para asomarme a otros universos, desde mi tierra remota y amada.

De adulta, ha sido refugio real donde encontrar un espacio de intimidad, reflexión y diálogo. Lugar para enfrentar las propias verdades y conflictos. Espacio sanador donde neutralizar "aquello que produce dolor, malestar, inconformidad, miedo". La torre de las brujas de los cuentos, desde donde mirar con perspectiva, haciendo una pausa antes de descender nuevamente a la lucha.

Concuerdo con Gemma Lluch cuando expresa que "decir que la literatura infantil existe, es una obviedad". Si bien ella enuncia que la discusión se centra en la actualidad sobre los tipos de literatura infantil y juvenil, comparto su conclusión de que literatura infantil es un término que tiene más interés editorial y comercial, que de contenidos, pues todos los libros pueden ser leídos (y disfrutados) por cualquiera, con diferentes niveles de lectura.

A partir de "Los cuentos animados" de Fernando Krahn, evoco una colección de libros basados en películas de Disney (como "Alicia en el país de las maravillas" y "Dumbo") que traían en la solapa un disco single de vinilo. Si bien era interesante y divertido escuchar las canciones de la película, las voces de sus protagonistas y los efectos especiales, recuerdo que muchas veces prefería leer el libro en silencio pues me molestaba que el audio me impusiera un ritmo de lectura. Lo mismo me ocurría con los cassettes de cuentos infantiles; tenía (y tengo) la necesidad del contacto con el objeto libro, de ejercer la libertad para definir el ritmo de la lectura de acuerdo a lo que mejor me acomode, deteniéndome en aquellos pasajes o imágenes que me generen más interés, pasando más rápido por aquellas páginas que me resulten aburridas. Esta necesidad de tocar las hojas de papel me ha impedido acercarme fluidamente a los kindle o ipad para leer algo más largo que un correo electrónico o un documento de trabajo.

De la presentación "Panorama actual de la literatura infantil: Concepto y características generales", comparto la necesidad de entender la literatura infantil como un sistema dinámico. De los ejes mencionados, me hacen particular sentido tres, que vinculo al recorrido por mis publicaciones infantiles favoritas, descrito en la primera entrada de este blog.

- De la oralidad a la escritura, mitos y cuentos de hadas: Cuentos de Grimm, Perrault, anónimos orientales, mitos de nuestros pueblos originarios, recopilados y editados para su difusión.

- De la primacía del código verbal al ícono verbal: Libros con escasas ilustraciones a obras como los comics, apoyados fuertemente en recursos estéticos y visuales.

- De lo sacro a lo cotidiano: Hoy en día no existe la expectativa de que las obras destinadas a los niños sean formativas y planteen una visión de mundo necesariamente positiva. Las obras ya no funcionan necesariamente como referentes de conducta y los mundos que abordan no son perfectos. Además, las obras no están destinadas a lectores de una élite, sino más bien buscan introducir la literatura infantil en el acontecer cotidiano de los niños y niñas.

Este último eje me ha hecho reparar que, muchos de los títulos que mencioné en la primera entrada de este blog tienen implícita una intención informativa, educativa o formadora. Es prácticamente una condición que los textos destinados al público infantil tengan esa característica funcional, de aporte. Mi libro "Descubre el Parque Nacional Torres del Paine" (Amanuta, 2012) no se escapa a esta connotación, al pretender que los futuros visitantes de esta área silvestre protegida lleguen a ella enterados de las reglas y cuidados que tienen que considerar durante su permanencia en ella. 

Por lo anterior, me hace sentido el planteamiento de Liliana Bodoc, en el sentido de que al reconocer la literatura como arte, está exenta de ciertas modalidades y propósitos, como admonición, información, autoayuda o terapia... en cambio, esta dimensión artística ¡La conecta con la poesía

Esta perspectiva me abre la mirada a considerar una creación destinada al público infantil como algo lúdico y gratuito, generador de ideas y sensaciones, no necesariamente útiles o funcionales.


La mediadora que quiero ser
Ahora bien, a la hora de proyectar el tipo de mediadora que quiero ser, rescato los planteamientos recién mencionados de Liliana Bodoc y adquiere relevancia lo planteado por Joel Franz Rosell en su artículo "¿Qué es la literatura infantil? Un poco de leña al fuego". 

El autor parte preguntándose si "será la literatura infantil un género literario como lo son la poesía, la novela, el cuento o el ensayo?", mientras aclara la diferencia entre los libros infantiles (literarios, de aprendizaje, lúdicos, de divulgación, entre otros) y la literatura infantil, que es sólo una parte de ellos, algo que jamás me había planteado y que me parece completamente cierto y obvio.

Joel Franz Rosell propone que toda obra maestra de literatura infantil es el resultado de un descubrimiento, invención, revelación, de un compromiso del espíritu del autor (inevitablemente adulto) con las esencias y posibilidades de lo humano que se revelan a través de los niños. Ellos no son simplemente los destinatarios de un producto, son el ojo y el cristal con que se mira. En consecuencia, la literatura infantil no son las obras que abordan temáticas vinculadas a esa época de la vida, sino aquellas cuyo tratamiento y enfoque, responde a la óptica del destinatario.

La literatura infantil ha debido luchar a lo largo de su historia, de poco más de tres siglos, contra la instrumentalización, contra su utilización como medio de educación, de armonización social, de trasmisión de una concepción del mundo. Aquí Joel Franz Rosell concuerda plenamente con lo planteado por Liliana Bodoc. Por esto, dado que me parecen sensatos estos argumentos, mi desafío como mediadora será crear y difundir obras orientadas a descubrir las potencialidades expresivas de ese receptor particular, que no es un adulto en miniatura o en proceso de constitución, sino entendiéndolo como poseedor de maneras propias de interpretar y representar el mundo en que convivimos grandes y chicos.

Joel Franz Rosell propone que "los libros para niños aportan a la literatura universal algo que de otro modo le faltaría, algo que explica por qué muchos adultos pueden apaciguar, alimentar, reconstruir o solazar su espíritu en una obra para chicos". De acuerdo a este pensamiento, que comparto, la literatura infantil es un verdadero refugio para los adultos, algo que he experimentado y experimento.

En consecuencia, sólo asumiendo que lo infantil es, sobre todo, una determinada sensibilidad –característica, pero no exclusiva del niño– podré lograr como escritora que mis obras no sean un acto básico de trasmisión de cultura y experiencia, ni una simplona adaptación del discurso literario, sino más bien un encuentro sincero y vinculante entre mi espíritu y el de mis pequeños lectores y lectoras. Una ventana abierta a la interpelación y el asombro.


lunes, 29 de septiembre de 2014

Leyendo desde el principio

En el principio... "El Principito" (Antoine de Saint-Exupéry)...

Debe ser el libro que más veces he leído. La primera de ellas, a los cinco años, en mis primeras vacaciones de invierno de colegio. Mi madre me regaló la clásica edición de Emecé, en pequeño formato (adecuado a mis pequeñas manos) como premio por mis notas. Aluciné con el elefante tragado por la boa, la amistad entre el niño y el zorro, los caprichos de la rosa y las estrellas que sabían reír. Pero lo que más me impresionó, fue la dedicatoria a León Werth "cuando era niño". Fue la primera vez que pensé en lo inevitable de crecer y transformarse en una de esas estúpidas "personas mayores". Y no me gustó.

Lo releí en voz alta cuando esperaba a mi hija y lo menciono siempre que descubro a alguna persona que puede convertirse en un nuevo amigo.

De esa misma época recuerdo "El niño llorón" (J.L García Sánchez y M.A. Pacheco), de gran formato y bellas ilustraciones. De la editorial española Altea, en su línea Benjamín, relataba cómo un pequeño niño, de camping con sus padres, lloraba la noche entera sin ser escuchado por ellos. Los animales del bosque se desvivían por auxiliarlo y se producían diversas situaciones, no exentas del drama que implica en la vida silvestre "comer o ser comido". El libro era parte de una serie de diez títulos que ilustraba sobre los derechos del niño. Es uno de mis regalones y hace poco lo compartí con mi hija, que hoy tiene tres años.

Un poco más tarde vinieron lindas ediciones de los Cuentos de Andersen y Grimm, que encontrábamos con mi padre en los barcos librería que, de tanto en tanto, recalaban en mi infancia magallánica. Los libros venían de lejos y, con ellos, yo viajaba más lejos aún. Ya había descubierto el placer de quedarme sentada al sol leyendo tardes enteras. Pero aún no sabía que, en más de algún momento, la lectura sería también castillo, refugio y esperanza.

En uno de los veranos santiaguinos en casa de mis abuelos maternos, descubrí la colección de "Naricita", los notables cuentos del brasileño Monteiro Lobato. Tenía siete años y los devoré, uno tras otro. Fue la primera serie que leí completa. Los libros narraban las aventuras de una niña de mi edad, que vivía en una quinta en el campo con su abuela doña Benita, su empleada mulata a quien trataban como parte de la familia y su entrañable muñeca Emilia. La visita de su primo que vivía en la ciudad, o las largas noches de invierno, eran el pretexto perfecto para que doña Benita comenzara a contar alguna historia, la mayoría de las veces con fines educativos. Viajando al espacio con Naricita y su grupo conocí de planetas y cometas, también fue mi primer acercamiento a "El Quijote" en una deliciosa versión para niños.

No sólo yo me encanté con la colección de "Naricita", tal como algún día se había encantado con ella mi madre. Mis hermanas y primos también gozaron con esos libros, al punto que mi primera sobrina lleva por nombre Emilia, recordando a la aguda muñeca de nuestros cuentos infantiles.

Pero mi conexión con las historias y los cuentos no se daba entonces sólo a través de la lectura. También por medio de las poesías que me recitaba mi abuela paterna, hija de inmigrantes croatas, así como por algunas canciones tradicionales y las propias historias familiares, de aquellos que habían cruzado gran parte del mundo conocido en sus tiempos para iniciar una nueva vida en tierras remotas, para nunca volver a sus raíces. 

Ya un poco más grande y, seguramente como muchos de mi generación, me sentí identificada por las aventuras y desventuras de "Papelucho" (Marcela Paz). También fueron parte de ese universo los libros de Zig Zag, como "La hormiguita Cantora y el duende Melodía" (Alicia Morel), "La Porota" y "Mac el microbio desconocido" de Hernán del Solar y los "Cuentos de por qué" del maravilloso Saúl Schkolnik, Y a propósito de los por qué, la poesía continuaba visitándome en paralelo a través de Pablo Neruda y su "Libro de las preguntas" o bien los poemas de quien fuera directora de uno de los liceos de mi ciudad, la inolvidable Gabriela Mistral.

Alrededor de los diez años descubrí la biblioteca de mi colegio y pasaba en ella recreos enteros explorando entre sus estantes, donde descubrí verdaderas joyas olvidadas que contenían en sus amarillentas páginas cuentos que transcurrían en los páramos ingleses, llenos de magia y tradiciones. No recuerdo ningún título y me encantaría, para volver a recorrer esas historias.

Otro formato que tuve la fortuna de conocer tempranamente fueron las historietas. Recuerdo especialmente la colección de dos tomos empastados de "Epopeya" (SEA/Editorial Novaro), donde viajé en el tiempo a las maravillas del mundo antiguo, a la vida de las primeras civilizaciones, y  a sitios tan lejanos de la Patagonia donde vivía, donde con el esfuerzo y la vida de muchos hombres se habían creado grandes obras de ingeniería que parecían imposibles, como los canales de Suez y Panamá. 



En otra línea, pero también de historietas, las aventuras del detective "Rip Kirby" (Alex Raymond) siempre cruzadas con alguna historia romántica, los deliciosos "Asterix y Óbelix" (Goscinny/Uderzo) siempre peleando con los romanos. Inolvidable el errante "Corto Maltés" en los perfectos dibujos de Hugo Pratt.


Ya entrando en la adolescencia, en mi biblioteca convivían títulos tan disímiles como "Las Crónicas de Narnia" de C.S. Lewis, "Carta a una desconocida" de Stefan Zweig, "Cuentos para Verónica" y otros de la argentina Poldy Bird, sumados a las maravillas de Julio Verne y la variedad que ofrecía el entonces popular "Club de Lectores Andrés Bello". Las historietas seguían ocupando un buen espacio: destacaban las viñetas protagonizadas por una aguda niñita argentina llamada Mafalda y los dibujos de Guillo, tan acordes a los tiempos que se vivían a fines de los '80.


Tuve el privilegio de acceder desde muy temprano a un universo de libros amplio y variado, en el que se combinaron títulos educativos con otros meramente lúdicos. Sentí que en cada libro encontraba un mundo paralelo y, ya más grande, supe que la única manera de continuar siendo niña era seguir explorando esas realidades escondidas en los cuentos infantiles. Por eso, mi primer intento como mediadora de lectura estuvo orientada a la literatura infantil y juvenil, como autora de un libro que combina tres de mis grandes amores: mi sobrina Emilia, los cuentos infantiles y el Parque Nacional Torres del Paine.

Así, con el respaldo de Amanuta y el financiamiento del Fondo del Libro 2010 nació la guía infantil bilingüe "Descubre el Parque Nacional Torres del Paine", título que espero sea el primero de una serie destinada a que niños y niñas se conecten con la naturaleza para que, cuando sean adultos sientan la necesidad de proteger el patrimonio natural y cultural de nuestro país. También para que los niños y niñas de hoy, en su gran mayoría citadinos e hiper tecnologizados, exploren la realidad paralela de la vida al aire libre y en contacto con la naturaleza. A mi modo de ver, que disfruten al contemplar la inmensidad de los cielos o la belleza de las montañas, es la única forma de asegurar que todo aquello no se convierta para los niños del futuro en mera fantasía.