¿Es la literatura infantil ventana o refugio? A lo largo de mi vida, he experimentado ambas perspectivas.
Cuando niña, fue verdadera ventana para "expandir, abrir, avizorar, ver, contemplar, vislumbrar, entrever, descubrir, explorar, sorprender, oír, oler, sentir". La mirada y el descubrimiento del mundo a partir del asombro. Un umbral para asomarme a otros universos, desde mi tierra remota y amada.
De adulta, ha sido refugio real donde encontrar un espacio de intimidad, reflexión y diálogo. Lugar para enfrentar las propias verdades y conflictos. Espacio sanador donde neutralizar "aquello que produce dolor, malestar, inconformidad, miedo". La torre de las brujas de los cuentos, desde donde mirar con perspectiva, haciendo una pausa antes de descender nuevamente a la lucha.
Concuerdo con Gemma Lluch cuando expresa que "decir que la literatura infantil existe, es una obviedad". Si bien ella enuncia que la discusión se centra en la actualidad sobre los tipos de literatura infantil y juvenil, comparto su conclusión de que literatura infantil es un término que tiene más interés editorial y comercial, que de contenidos, pues todos los libros pueden ser leídos (y disfrutados) por cualquiera, con diferentes niveles de lectura.
A partir de "Los cuentos animados" de Fernando Krahn, evoco una colección de libros basados en películas de Disney (como "Alicia en el país de las maravillas" y "Dumbo") que traían en la solapa un disco single de vinilo. Si bien era interesante y divertido escuchar las canciones de la película, las voces de sus protagonistas y los efectos especiales, recuerdo que muchas veces prefería leer el libro en silencio pues me molestaba que el audio me impusiera un ritmo de lectura. Lo mismo me ocurría con los cassettes de cuentos infantiles; tenía (y tengo) la necesidad del contacto con el objeto libro, de ejercer la libertad para definir el ritmo de la lectura de acuerdo a lo que mejor me acomode, deteniéndome en aquellos pasajes o imágenes que me generen más interés, pasando más rápido por aquellas páginas que me resulten aburridas. Esta necesidad de tocar las hojas de papel me ha impedido acercarme fluidamente a los kindle o ipad para leer algo más largo que un correo electrónico o un documento de trabajo.
De la presentación "Panorama actual de la literatura infantil: Concepto y características generales", comparto la necesidad de entender la literatura infantil como un sistema dinámico. De los ejes mencionados, me hacen particular sentido tres, que vinculo al recorrido por mis publicaciones infantiles favoritas, descrito en la primera entrada de este blog.
- De la oralidad a la escritura, mitos y cuentos de hadas: Cuentos de Grimm, Perrault, anónimos orientales, mitos de nuestros pueblos originarios, recopilados y editados para su difusión.
- De la primacía del código verbal al ícono verbal: Libros con escasas ilustraciones a obras como los comics, apoyados fuertemente en recursos estéticos y visuales.
- De la oralidad a la escritura, mitos y cuentos de hadas: Cuentos de Grimm, Perrault, anónimos orientales, mitos de nuestros pueblos originarios, recopilados y editados para su difusión.
- De la primacía del código verbal al ícono verbal: Libros con escasas ilustraciones a obras como los comics, apoyados fuertemente en recursos estéticos y visuales.
- De lo sacro a lo cotidiano: Hoy en día no existe la expectativa de que las obras destinadas a los niños sean formativas y planteen una visión de mundo necesariamente positiva. Las obras ya no funcionan necesariamente como referentes de conducta y los mundos que abordan no son perfectos. Además, las obras no están destinadas a lectores de una élite, sino más bien buscan introducir la literatura infantil en el acontecer cotidiano de los niños y niñas.
Este último eje me ha hecho reparar que, muchos de los títulos que mencioné en la primera entrada de este blog tienen implícita una intención informativa, educativa o formadora. Es prácticamente una condición que los textos destinados al público infantil tengan esa característica funcional, de aporte. Mi libro "Descubre el Parque Nacional Torres del Paine" (Amanuta, 2012) no se escapa a esta connotación, al pretender que los futuros visitantes de esta área silvestre protegida lleguen a ella enterados de las reglas y cuidados que tienen que considerar durante su permanencia en ella.
Por lo anterior, me hace sentido el planteamiento de Liliana Bodoc, en el sentido de que al reconocer la literatura como arte, está exenta de ciertas modalidades y propósitos, como admonición, información, autoayuda o terapia... en cambio, esta dimensión artística ¡La conecta con la poesía!
Esta perspectiva me abre la mirada a considerar una creación destinada al público infantil como algo lúdico y gratuito, generador de ideas y sensaciones, no necesariamente útiles o funcionales.
Este último eje me ha hecho reparar que, muchos de los títulos que mencioné en la primera entrada de este blog tienen implícita una intención informativa, educativa o formadora. Es prácticamente una condición que los textos destinados al público infantil tengan esa característica funcional, de aporte. Mi libro "Descubre el Parque Nacional Torres del Paine" (Amanuta, 2012) no se escapa a esta connotación, al pretender que los futuros visitantes de esta área silvestre protegida lleguen a ella enterados de las reglas y cuidados que tienen que considerar durante su permanencia en ella.
Por lo anterior, me hace sentido el planteamiento de Liliana Bodoc, en el sentido de que al reconocer la literatura como arte, está exenta de ciertas modalidades y propósitos, como admonición, información, autoayuda o terapia... en cambio, esta dimensión artística ¡La conecta con la poesía!
Esta perspectiva me abre la mirada a considerar una creación destinada al público infantil como algo lúdico y gratuito, generador de ideas y sensaciones, no necesariamente útiles o funcionales.
La mediadora que quiero ser
Ahora bien, a la hora de proyectar el tipo de mediadora que quiero ser, rescato los planteamientos recién mencionados de Liliana Bodoc y adquiere relevancia lo planteado por Joel Franz Rosell en su artículo "¿Qué es la literatura infantil? Un poco de leña al fuego".
El autor parte preguntándose si "será la literatura infantil un género literario como lo son la poesía, la novela, el cuento o el ensayo?", mientras aclara la diferencia entre los libros infantiles (literarios, de aprendizaje, lúdicos, de divulgación, entre otros) y la literatura infantil, que es sólo una parte de ellos, algo que jamás me había planteado y que me parece completamente cierto y obvio.
Joel Franz Rosell propone que toda obra maestra de literatura infantil es el resultado de un descubrimiento, invención, revelación, de un compromiso del espíritu del autor (inevitablemente adulto) con las esencias y posibilidades de lo humano que se revelan a través de los niños. Ellos no son simplemente los destinatarios de un producto, son el ojo y el cristal con que se mira. En consecuencia, la literatura infantil no son las obras que abordan temáticas vinculadas a esa época de la vida, sino aquellas cuyo tratamiento y enfoque, responde a la óptica del destinatario.
La literatura infantil ha debido luchar a lo largo de su historia, de poco más de tres siglos, contra la instrumentalización, contra su utilización como medio de educación, de armonización social, de trasmisión de una concepción del mundo. Aquí Joel Franz Rosell concuerda plenamente con lo planteado por Liliana Bodoc. Por esto, dado que me parecen sensatos estos argumentos, mi desafío como mediadora será crear y difundir obras orientadas a descubrir las potencialidades expresivas de ese receptor particular, que no es un adulto en miniatura o en proceso de constitución, sino entendiéndolo como poseedor de maneras propias de interpretar y representar el mundo en que convivimos grandes y chicos.
Joel Franz Rosell propone que "los libros para niños aportan a la literatura universal algo que de otro modo le faltaría, algo que explica por qué muchos adultos pueden apaciguar, alimentar, reconstruir o solazar su espíritu en una obra para chicos". De acuerdo a este pensamiento, que comparto, la literatura infantil es un verdadero refugio para los adultos, algo que he experimentado y experimento.
En consecuencia, sólo asumiendo que lo infantil es, sobre todo, una determinada sensibilidad –característica, pero no exclusiva del niño– podré lograr como escritora que mis obras no sean un acto básico de trasmisión de cultura y experiencia, ni una simplona adaptación del discurso literario, sino más bien un encuentro sincero y vinculante entre mi espíritu y el de mis pequeños lectores y lectoras. Una ventana abierta a la interpelación y el asombro.
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